Photo ©Alessio Grazi
San Miniato
El pueblo en la campaña toscana, famoso por su deliciosa trufa blanca

El pueblo de San Miniato está encaramado en una colina, muy cerca del río Arno y a medio camino entre Florencia y Pisa, que durante siglos lo han disputado. Los orígenes del centro, famoso por su deliciosa trufa blanca típica de su territorio, se remontan a la época etrusco-romana. En el castillo, a lo largo de los siglos, se alojaron muchas personalidades importantes como Federico Barbarroja y el Papa Gregorio V. 

En la Edad Media, el pueblo, conocido como San Miniato al Tedesco, vivió un período de gran popularidad: Otón I de Sajonia, en el 962, la convirtió en uno de los centros de la administración imperial, mientras que Federico II de Suabia, en el 1218, la transformó en un centro de recaudación de tributos para Italia central.

San Miniato es también una de las etapas señaladas por Sigerico en su viaje de regreso a Canterbury, convirtiéndose así en una de las estaciones históricas de la Vía Francígena.

En la cima de la colina sobre la que se asienta el pueblo, se encuentra el Fuerte Federico II, que completa el complejo defensivo del castillo: aquí el Emperador entre los años 1217 y 1221, hizo construir la  torre de San Miniato que se convirtió en el símbolo del pueblo. 

La Catedral  se remonta al año 1200, te sorprenderá la original decoración de la fachada, formada por una serie de discos de cerámica que reproducen la disposición de las estrellas en las constelaciones de Osa Mayor y Menor.

También vale la pena visitar el Convento San Francesco que, según la tradición, fue donado personalmente por los nobles de San Miniato al Santo de Asís, mientras se alojaba en la cercana Abadía Santa Gonda.

Entre las diferentes arquitecturas religiosas que caracterizan al pueblo, se encuentran la Iglesia Santo Stefano y San Michele, construida en el siglo XII sobre una capilla privada de la familia Mangiatori, en cuyo interior se conserva un crucifijo de madera de Pietro Cavallini (siglo XV), frescos de los cuatro Evangelistas de Domenico Brogi, así como bellos acristalados de mosaico y frescos de Dilvo Lotti. 

Como se ha dicho, San Miniato tiene muchísimas iglesias y palacios que valen la pena visitar, entre ellos cabe mencionar la Iglesia del Santissimo Crocifisso, la Iglesia Santissima Annunziata, la Iglesia San Iacopo y Santa Lucia, el Convento San Domenico y por último el Palacio Episcopal.  

A los pies del Fuerte de San Miniato, se puede visitar un verdadero barrio de artesanos. Este es el caso de las ciudades de cerámica como Montopoli y Calcinaia, de las canastas entretejidas en Buti y del Territorio del Cuero: la zona de Santa Croce y el área circundante que emerge para el procesamiento del cuero.

Si, por otro lado, quieres tomarte un descanso del campo, siempre puedes ir a la costa y relajarte en las localidades balnearias de Tierras de Pisa. En Marina di Vecchiano, cerca del Parque Natural Migliarino San Rossore Massaciuccoli, se puede caminar por la playa de arena que va desde la desembocadura del río Serchio hasta Torre del Lago Puccini. 

En cambio, los más deportistas pueden optar por Tirrenia: en este tramo de mar se practica la navegación y la pesca submarina; a poca distancia hay circuitos de voleibol de playa, tenis, golf, fútbol y equitación.

Una buena oportunidad para decidirse a visitar San Miniato puede ser la Feria del Mercado Nacional de la trufa blanca de las colinas de San Miniato,, que tiene lugar cada año el segundo, tercer y cuarto fin de semana de noviembre.

Cada primer domingo del mes, en el centro histórico de San Miniato, se celebra la Feria de Antigüedades y de Artesanías

En cambio, en verano, en la aldea de Ponte a Egola, se celebra el Palio del Cuero, un evento que culmina con la característica Corsa dei Caratelli: barriles de madera de unos 80 kg que en tiempo pasado se utilizaban en las curtidurías para conservar el tanino.

En el período otoñal, el protagonista indiscutible de la mesa de San Miniato es la trufa blanca que, a diferencia de otras trufas, se aprecia no sólo cruda, sino también en platos calientes, como tagliatelle, escalopes, huevos o risottos.

Además de excelentes vinos y fragantes aceites de oliva extra virgen, también se elaboran en el lugar muchos tipos de embutidos como el mallegato: este producto tiene sus orígenes en la Edad Media y siempre ha sido consumido por las familias campesinas de San Miniato. 

Por último, se recomienda probar la espuma de mejilla de cerdo, una especie de paté suave de color rosado, único en su género, que se unta sobre el pan tostado como aperitivo.